Citius, Altius, Fortius

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“Más rápido, más alto, más fuerte”. El lema de los primeros Juegos Olímpicos modernos, que data de 1896, se puede aplicar también con propiedad al hablar de cualquiera de las actividades deportivas catalogadas genéricamente como “deportes extremos”.

Esta voluntad de superación, de llevar al límite las capacidades del ser humano, llegando a suponer incluso importantes riesgos físicos, es lo que caracteriza y hace tan atractivo todo este conjunto de prácticas deportivas, que tienen cada vez un mayor número de aficionados.

Deslizarse a gran velocidad sobre el mar o la nieve, escalar o descender terrenos verticales, imposibles para el ser humano, experimentar la sensación de caída al vacío, de planear sobre el aire o de descender por ríos de aguas turbulentas son las sensaciones que uno puede experimentar al practicar estos deportes.

Otras características comunes a todos ellos son la práctica generalmente individual y la existencia de un riesgo físico elevado, lo que implica un buen estado de forma, mucho tiempo de entrenamiento previo y unas adecuadas condiciones para poder practicarlo con seguridad.

La práctica con monitores y en condiciones más controladas permite no obstante hacer accesibles estos deportes a personas con menor preparación, pero con ganas de experimentar también esa sensación de liberación de adrenalina, aunque en este caso sería más apropiado emplear el término de deporte de aventura, por tratarse más bien de una actividad recreativa.

En cuanto a las competiciones, ese atractivo del riesgo, del peligro implícito y la espectacularidad de muchas acciones hacen que deportes como el skateboard, bmx, motocross, snowboard, surf o kitesurf sean tan atractivos para el público, constituyendo un espectáculo en sí mismos.

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